La Fundición

La Fundición Ganador del premio a Premio Nuevas Tendencias de la X edición 2007

LA FUNDICIÓN: VEINTE AÑOS HACIENDO ESPECTADORES.  


   Bilbao es un perfecto ejemplo de esa necesidad que parece sentir la urbe contemporánea  por convertirse a sí misma en espectáculo. Espectáculo arquitectónico, urbanístico, cultural, comercial, mediático…La ciudad espectacular que debe atraer a los espectadores/turistas/inversores, y apabullar a sus propios ciudadanos por la vía de la grandiosidad y la modernidad. Todo ha de ser grande. De ahí precisamente la importancia vital que adquiere lo micro, lo pequeño. Significativamente La Fundición, con sus cien sillas, se enclava justo enfrente del gran teatro Palacio Euskalduna. Separados ambos por la Ría, la reconvertida Ría de Bilbao.  

   Tengo para mí que la mejor y más valiosa tradición del teatro moderno es esa que nos pone a los espectadores –y a la sociedad- entre la espada y la pared. Y no me refiero sólo a los temas que aborda; todos sabemos que el arte es cuestión de formas…pero, claro, no sólo. Pedir riesgo a los grandes teatros públicos y privados en el presente contexto de cultura de divertimento y espectáculo es como pedirle peras al olmo. Pero lo cierto es que el valor estético es ajeno a la ley de la oferta y la demanda.

   Marco Antonio de la Parra ha escrito que el espectador que va al teatro no quiere entretenerse, que aunque él no lo sepa su verdadero deseo es otro: espera una revelación. Y estoy convencido de que, de alguna manera, eso es lo que esperan las personas que acuden a salas como La Fundición: un teatro que apunte al ser. Un teatro no convencional, sino incómodo; no conciliatorio, sino conflictivo; no al resguardo, sino a la intemperie; no un teatro que te evada de la realidad, sino un teatro que exacerbe la vida. La oportunidad de asomarnos allí donde nos desconocemos. ¡Qué paradoja!: Vamos al teatro a salirnos de la realidad para entrar a fondo en ella. Y eso sin salas como La Fundición sería imposible. Ahí no llegan los poderes públicos, claro, ellos están para otras cosas. Es la iniciativa privada la que llega; una iniciativa privada con una incuestionable vocación de servicio a la cultura, de servicio público por tanto, y una clara y necesaria voluntad de resistencia. Y con grandes dosis de generosidad.

   El pasado 10 de noviembre La Fundición cumplió veinte años. Y creo que lo mejor que se puede decir de ella es que estos años La Fundi no los ha empleado en buscar espectadores, sino en hacer espectadores, en crearlos. Si algo han mimado Laura Etxeberría y Luque Tagua, y el resto del equipo, eso ha sido  el espectador. Salas como La Fundi devuelven al público su perdido status de miembro de pleno derecho en la aventura teatral.

   Al provenir Laura y Luque del ámbito de la danza contemporánea, La Fundición ya arrancó con voluntad de cruce de caminos, de fusión de lenguajes, de transversalidad; terreno éste en el que las artes escénicas están dando desde hace ya tiempo muchos de sus mejores frutos.

   Dar aire a estéticas y éticas que no están concebidas para convertirse en productos. Ese fue el empeño inicial de La Fundi, y aún hoy lo sigue siendo; convirtiéndose en la única vía con que contamos en la Comunidad Autónoma Vasca para acceder de una forma no esporádica sino habitual a una programación “no convencional” de artes escénicas. Si no hubiera sido por La Fundi no habríamos tenido la oportunidad de disfrutar en Bilbao de tantas y tantas compañías de danza contemporánea y de teatro de vanguardia en búsqueda permanente de nuevas formas escénicas; cito unos ejemplos de memoria pero la lista sería interminable: Matarile, La Carnicería, La República, Atra Bilis, La Vuelta, Roger Bernat, Hongaresa, Magrinyana, Mal Pelo, La Ribot, Diez y Diez, Elena Cordoba, Lanónima, Jérôme Bell…

   Eso sin contar otras iniciativas, como Dantzaldia, Festival Internacional de Danza Contemporánea de Bilbao, que ya va por su séptima edición; o Tinto de Verano, programación en la que La Fundi abre sus puertas a proyectos de nuevos creadores escénicos vascos. Por ello, y aunque la exhibición ocupa el centro de su actividad, La Fundi funciona también como un centro de recursos y de difusión, sin olvidar tampoco la formación.

   Las cien localidades de La Fundi son todo un símbolo, el símbolo de una concepción de las artes escénicas ajena a cualquier tipo de rentabilidad; bueno sí, hay una forma de rentabilidad, y que sólo sé expresar con una frase que alguien dijo en una ocasión: “El arte es aquello que hace que la vida sea más importante que el arte”.


                                                                         Josu Montero.