No puede ser el guardar una mujer

No puede ser el guardar una mujer Finalista del premio a Premio Espectáculo Revelación de la XII edición 2009

No puede ser el guardar una mujer es una comedia brillante, de ritmo vertiginoso y gran destreza teatral. Su hilo argumental, ágil, conciso y directo, su elaborada estructura, el equilibrio y la coherencia de sus actos, y la construcción de sus personajes que, sin ser complejos, gozan de un magistral desarrollo, la convierten en una de las mejores piezas de Moreto.

Cabe destacar, entre sus muchas virtudes, la importancia de sus protagonistas femeninos, nada que ver con esas damas presuntuosas y casi ridículas que pueblan los textos barrocos en los que se satiriza la pretensión de la mujer de saber tanto o más que el hombre y su deseo de rebelarse contra la condición de ser marginado por una sociedad machista. Lejos de todo esto, se trata de unos personajes femeninos transgresores, llenos de fuerza y cargados de razón que aúnan la pasión y la condición intelectual dando cuerpo y voz al ideal moretiano frente a la terquedad, el engreimiento, la necedad y el machismo.

Doña Ana y doña Inés se enfrentan, cada una con sus armas, al ataque contra la dignidad femenina propugnado por don Pedro (prometido de la primera y hermano y custodio de la segunda), y lo hacen defendiendo el derecho de la mujer a decidir y actuar según sus principios, según su propia voluntad. Así pues, si la dicotomía entre razón y necedad vertebra el texto (así como gran parte de la producción moretiana) también lo hace la defensa a ultranza del libre albedrío en la mujer. No puede ser el guardar una mujer recorre, con certeza y sin temor, la senda de esta reivindicación femenina que nace en la tradición popular y llega hasta nuestros días. Y es que cantada primero (en forma de copla) y recitada después (convertida en refrán) la letra tradicional que expresa el sentir que da título a la obra es conocida por los espectadores del Siglo de Oro: Madre, la mi madre, guardas me ponéis; que si yo no me guardo, no me guardaréis. Cervantes la utiliza en La entretenida y en El celoso extremeño, Lope en Los melindres de Belisa, en El aldehuela y en El mayor imposible (que serviría a Moreto como modelo de su No puede ser) y Calderón en Céfalo y Pocris. Ese sentir, esa manera de pensar sintetizaba de tal forma el pensamiento popular que (como hiciera Moreto) Boisrobert, el fundador de la Academia Francesa, se sirvió de El mayor imposible para escribir su La folle gageure. Y no termina aquí el recorrido de esta historia pues John Crowne se inspiró en No puede ser para escribir Sir Courtly Nice, or it cannot be, y Schröder hizo lo mismo para crear Unmögliche Sache. Por último comentar que Moreto realiza esta suerte de refundición (tan común en la época pues el público no esperaba sorpresas sino convenciones teatrales asumidas y asimiladas) con gran talento y puntería. Es la suya una labor de acertada depuración que, aplicando su tono personal y su mesura, mejora con frecuencia los originales que utiliza.

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