Cuatro hombres que se acerca a los 60 años.
Un barbero, un enterrador, un actor y un profesor de matemáticas.
En el fondos son jugadores: ruletas, cartas, deudas, excesos, fracasos...
Unas vidas de mierda enfocadas a aquellas milésimas de segundo
en las que la carta que decide una partida da la vuelta.
Cada personaje tiene su historia,
casi podríamos decir que cada personaje tiene un “cuento” por narrar.
Entre los cuatro, sin embargo, cuentan una historia en común:
Cuatro hombres que se sienten desplazados.
El mundo ha cambiado y no lo entienden.
Han cambiado los valores, las reglas, y no encuentran su lugar.
El dinero han desaparecido y no regresan.
También las prerrogativas.
Los alicientes.
Descolocados,
andan arrastrando los pies,
parecen fantasmas
o cadáveres,
o sonámbulos,
o parece que estén en estado de coma...
o, si me lo permiten,
parece que tengan un blanco.
(aquel momento en el que el actor/actriz está sobre el escenario y se olvida del
texto)
Es como si estos personajes hubieran olvidado el texto
y estuvieran esperando a que volviera.
Han perdido el pulso del mundo,
y sólo tienen una manera de recuperarlo,
tal vez demasiado arriesgada,
seguramente demasiado peligrosa.
Y alocada.
Y también desesperada.
Al fin y al cabo,
sin embargo,
la única manera.
Lo más probable es que no salga bien,
pero ¿quién sabe?
Rojas o negras,
¿quién sabe?
De todos modos,
si existe alguna oportunidad de “ganar la partida”
es gracias a los cuatro actores que cuentan esta historia,
este cuento cargado de cuentos.
Els jugadors.